lunes, 8 de agosto de 2011

CAP. 11

_____ debería haberse imaginado que Tom evitaría por todos los medios tener que decorar el árbol. Pero cuando vio que traía un espécimen inmenso, tomándose la molestia de plantarlo en una gran jardinera con tierra, en un rincón del salón, pensó que iba a ayudar en todo el proceso. Pero se marchó tan pronto sacaron la primera bola de colores de las cajas que simone había bajado del ático, poniendo la disculpa de que tenía una cita. _____ se sintió muy desilusionada. ¿Qué cita podía tener un domingo después de comer? Al final, fue ella la que tuvo que colocar al ángel en la punta del árbol, subiéndose, para ello, a la escalera, con el corazón en un puño. Pero cuando simone encendió las bombillas de colores que habían colocado por todas las ramas, no pudo contener su alegría. Bill tenía razón, una Navidad, no era Navidad, sin un árbol. _____ empezó a pensar en los regalos que había comprado para todo el mundo. Confiaba en que les gustaran. El resto de la semana pasó con lentitud, pero al fin llegó la mañana del día de Navidad. Tom sorprendió a todos, acompañándolos a la iglesia. Estaba guapísimo, con su traje azul y su corbata. Y mucho más alegre de lo normal. Incluso abrió una botella de champán en el desayuno, así que cuando los cuatro se reunieron en torno al árbol para darse los regalos, a eso de las once, el tono de alegría había subido unos grados. Incluso simone estaba alegre.
Maud sugirió abrir ella primero los regalos, para poder volver pronto a la cocina y seguir con el pavo. Pareció encantarle el libro de cocina italiana que _____ le regaló, ya que con frecuencia había expresado su interés por los platos de comida italiana que _____ había preparado algunas veces. simone le regaló un camisón de verano, que le encantó. Pero cuando Tom le entregó un sobre con dinero, a Maud casi se le salen los ojos de las órbitas.
-Esto es mucho dinero, Tom -protestó. El hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia.
-Mándale algo a ese hijo tuyo, si quieres. Por lo que me has contado, parece que necesita algo de ayuda -el único hijo de Maud, Jerry, estaba viviendo en Tasmania, tenía cinco hijos y las cosas no le iban nada bien. A Maud se le arrasaron los ojos de lágrimas.
-Gracias, Tom. Eres muy bueno.
_____ estaba de acuerdo, y lo miró, admirándolo. Él encontró su mirada y la miró todo el cuerpo. _____ intentó no sonrojarse, sabiendo que aquel día se había arreglado un poco más que de costumbre y el vestido de flores que llevaba, marcaba bastante sus formas voluptuosas. Llevaba el pelo recogido, detrás de las orejas, adornadas con dos arillos de oro. Aquel sería un buen día, le dijo una vocecilla interior. Estoy guapa y Tom parece estar relajado. A lo mejor hablo con él después de cenar... Maud interrumpió sus pensamientos, entregándole sus regalos. Al parecer siempre regalaba papel y sobres de escritorio. El de _____, con fondo floreado y delicado; el de simone clásico y con los bordes dorados; el de Tom de negocios, acompañándolo de un juego de pluma y bolígrafo.
-Justo lo que quería -le dijo, sonriendo. Incluso le dio a Maud un beso en la mejilla, lo cual la hizo sonrojarse, de lo sorprendida y complacida que estaba. Incluso simone pareció sorprenderse, al ver la reacción tan diferente de Tom. Cuando Maud se marchó, para preparar la cena, madre e hijo se intercambiaron los regalos. A simone le encantó la figura de cristal en forma de castillo. _____ quedó sorprendida, al ver que simone le daba dos regalos, ya que todos habían decidido regalarse tan sólo uno a cada uno. El más grande era un reproductor de compact disc y el otro una selección de obras de Mozart.
-El reproductor es pequeño, para que lo puedas poner en la mesilla de noche -explicó simone -. Así puedes escucharlo los días que no puedas dormirte fácilmente.
_____ miró a Tom, quien tenía una expresión en la cara indescifrable.
-No deberías haberte gastado tanto dinero -le dijo a simone
-No seas tonta. Es lo que queríamos. Además ha sido idea suya. Esto también es de él.
-Es un regalo muy bonito- dijo _____, a quien sorprendió que Tom hubiera elegido aquel regalo en concreto. Demostraba ser mucho más maduro que su madre-. Gracias a los dos. Espero que os guste lo que yo os he comprado.
A simone pareció encantarle la primera edición del Cuento de las Dos Ciudades, que Soria le había comprado en una tienda de libros antiguos. Sin duda Tom pensó que él también recibiría un libro, porque cuando abrió su paquete y vio la cámara último modelo que había dentro, miró a _____ sorprendido. Maud eligió precisamente ese momento, para entrar otra vez en la habitación con un plato de galletas y nueces en la mano.
-Ya veo que has abierto el regalo de _____-le dijo-. Espero que te guste porque ha trabajado muy duro para ganar el dinero necesario para comprarte esa cámara.- _____ sintió un nudo en el estómago, al oírla decir aquello. No se lo había dicho expresamente, pero creía que Maud no le iba a contar a Tom que había estado planchando para ahorrar el dinero.
-¿De qué estás hablando, Maud? ¿A qué trabajo te refieres?
-Pues a las cien horas que ha pasado planchando -informó Maud, sin mirar a _____, mientras salía otra vez del salón.
-¿Has estado planchando para comprarme esto? –le preguntó Tom, mirándola a los ojos.
-Sí -respondió ella.
-¿Pero, por qué? Si tienes dinero. Yo te lo di.
-Porque no iba a comprarte un regalo con tu dinero -le dijo, intentando mantener la calma, como podía.
-¿Y qué es lo que planchabas?
-Maud me pagaba por planchar lo que ella antes enviaba a la tintorería y además la ropa de algunos vecinos.
-¿De algunos vecinos? -repitió él, moviendo de un lado a otro la cabeza-. Dios bendito.
Todos permanecieron en silencio, durante el cual, simone se aclaró la garganta y _____ se enfadó cada vez más. Si a Tom se le ocurría estropearle la fiesta a todos, se iba a enterar de quién era ella.
-Madre, ¿nos dejas solos un momento? -le preguntó.
Simone lo miró, preocupada.
-¿No irás a regañarla, verdad? No se te ocurra hacer eso, y menos el día de Navidad.
-No te preocupes -le respondió, con calma-. Sólo quiero tener una conversación con ella, a solas.
Simone se fue a regañadientes, dirigiéndoles una mirada de preocupación.
-Está bien -empezó a decirle Tom, suspirando-. ¿Puedes decirme cómo se enteraron los vecinos de que había una persona en esta casa ofreciendo sus servicios de planchadora?
-Porque les eché unos panfletos en el buzón.
-¿Qué? -se puso de pie, y la miró enfurecido-. ¿Pero qué mosca te ha picado? ¿Es que no tienes orgullo? ¿O es que no te importa lo que yo piense? ¡Eres mi esposa!
-No, no lo soy -contraatacó-. Nadie de los que vive en esta calle sabe que estamos casados, y yo tampoco se lo he dicho. Todos piensan que soy un componente pobre de la familia.
-Lo cual es incluso peor -contestó él-. ¿Qué crees que estarán comentando? Ese cerdo de Kaulitz es tan tacaño que su pobre prima, o sobrina, o lo que quiera que piensen que eres, tiene que dedicarse a planchar para poder vivir. _____ se sonrojó.
-No... no se me ocurrió.
-Ya lo veo, que no se te ocurrió. Lo que no entiendo es por qué Maud y mi madre te dejaron hacer una cosa así.
-No me dejaron. Lo hice y nada más. Además, creo que pensaron que lo que yo hiciera era cosa mía.
-Pero hay un límite para todo. ¿Qué voy a hacer contigo?
-Pues una o dos cosas -le dijo, decidiendo que era el momento de sugerirle lo que Wilma y ella habían estado hablando-. Puedes concederme el divorcio, y dejarme que haga mi propia vida, o... o...
-¿O qué? -le preguntó, impaciente.- _____ tragó saliva.
-O podría convertirme en tu esposa de verdad.
Los segundos siguientes fueron terribles. Tom se quedó boquiabierto y de pronto le recorrió el cuerpo un escalofrío, como si quisiera volver a la realidad.
-¿Te puedo preguntar, qué es lo que hay detrás de ese sorprendente ofrecimiento? Y por favor, no me digas que es que te has enamorado de mí, porque ambos sabemos que no es verdad.
-No me atrevería insultar tu inteligencia diciéndote eso -le contestó _____, sintiendo que se desmoronaba por dentro-. La... la verdad es que no me veo enamorándome de nadie. No como amaba a Bill. Pero me... me gustaría casarme y tener familia. Y... y a ti pareció sentarte tan mal como a mí la pérdida del hijo de Bill, y pensé que a lo mejor querías tener un niño. Y ya que estamos casados, y no parece que nos llevemos tan mal, pues... pues...
-Has estado hablando con Wilma, ¿verdad? -le preguntó. Ojalá hubiera podido ocultar su sentimiento de culpa.
-Ya lo sabía yo -le dijo Tom-. Me la puedo imaginar. Seguro que te ha dicho que yo estaba amargado porque mi primera mujer se negó a tener hijos. Y en ese momento, tu dulce y generoso corazón sintió pena por mí y se te ocurrió este sacrificio. Sin importarte que ese corazón todavía le pertenece a mi pobre y difunto hermano. ¿Crees de verdad que te utilizaría para darme lo que por derecho es de él? ¿Quién te piensas que soy?
Aquella declaración de Tom dejó a _____ sin habla por unos segundos, hasta que su estado de confusión fue desvaneciéndose y logró responder aquella acusación.
-¿Que quién me creo que eres? -empezó a decir ella, latiéndole el corazón con fuerza-. Pues un hombre desilusionado, si piensas que a Bill le importaría que yo tuviera un hijo tuyo. ¿No conocías a tu hermano? No era un hombre mezquino. Ni envidioso. Seguro que te pidió que te casaras conmigo, porque pensaba que al final acabaríamos juntos. Así era tu hermano, Tom. Y si crees que me das pena, te puedo decir que lo que menos inspiras a una mujer es pena, precisamente.
Tom entrecerró los ojos al ver que ella respiraba cada vez más deprisa.
-¿Quieres decir que estás dispuesta a hacer el amor conmigo? -le preguntó, con un tono de incredulidad.
-No te puedo decir ni que sí, ni que no. No tengo mucha experiencia en esos asuntos. Pero has de saber que eres un hombre muy atractivo, y estoy segura de que tienes bastante experiencia. ¿Qué opinas? -le preguntó, de forma directa.
Aquellos fríos ojos marrones la miraron como si estuvieran desnudándola, calentando su piel con el fuego que desprendían, haciendo que sus pezones se pusieran como piedrecitas, de la intensidad. Poco a poco recorrió todo su cuerpo, hasta que llegó a los ojos, sus ojos grandes y marrones que se hicieron más grandes al ver aquella mirada cargada de sensualidad. Aquel hombre la podía llevar a la cama en el momento que quisiera. Pero no sería lo mismo que con Bill. Sus besos no serían dulces, ni suaves, ni románticos. No sería un encuentro espiritual, sino totalmente físico. Dos cuerpos jadeantes, uniéndose para sofocar la pasión más primitiva de todas. Cuando él se acercó a ella, _____ no pudo evitar retroceder un poco, pálida y asustada. El sonrió, de forma un tanto cínica, extendiendo la mano, para acariciarle la mejilla.
-Lo mejor será que olvidemos esta conversación, _____-le dijo, con voz espesa-. Pero no me hagas una oferta así otra vez -dejó caer la mano de su mejilla-. Vete a la cocina y sonríe a Maud y a mi madre –le ordenó-. Es mejor no estropearles el día de Navidad.


SEGUNDO CAP. DEL DIA DE HOY ;) DESPUES VA EL OTRO

CAP.10

Por mucho que le hubiera conmovido la historia que Wilma le contó sobre Tom, no estaba muy segura de que fuera como para ofrecerse para ser la madre de sus hijos.
-No es una idea tan descabellada, si lo piensas bien -continuó diciendo Wilma-. No la rechaces sin pensarlo bien. ¿No estarás preocupada, por lo que Bill pudiera pensar?
Bill estaría encantado. Según le había dicho a Tom, Bill no era celoso ni posesivo, y quería la felicidad de todo el mundo. No habría cosa que pudiera complacer más a Bill que Tom y ella llegaran a vivir juntos. Los problemas no se referían a su lealtad para con Bill, sino en la posibilidad de tener a Tom como amante. Ella siempre había pensado que para hacer el amor había que estar enamorada. Era una persona muy romántica. Pero sin embargo se daba cuenta de que aquella situación era algo especial.
-No quiero ser cruel -dijo Wilma, tan pragmática como de costumbre-, pero Bill ha muerto. No puedes vivir de los recuerdos. Ni tampoco se puede tener un hijo con los recuerdos. Necesitas a un hombre de verdad. Y la verdad, nadie mejor que Tom para ello. No creo que te pueda repeler la idea de irte a la cama con alguien como él.
-No, repeler no es la palabra -admitió ella, casi temblando-. Lo que pasa es que no estoy segura de cómo voy a reaccionar. Sólo he estado en la cama con un hombre, con Bill, y la cosa no fue nada bien, a pesar de estar locamente enamorada. Pero es que yo era virgen.
-¡Dios mío! No tenía ni idea. Yo creía que te habías acostado con otros hombres antes de Bill.
-Yo sólo tenía dieciocho años, cuando me fui a vivir con Bill -protestó _____, sorprendida. Había sido criada en un ambiente moralista. Su madre siempre le repetía que no se fuera con nadie hasta no estar enamorada y casada-. Y sólo tengo veinte ahora -añadió.
-Pues pareces mayor-comentó Wilma, mirando a _____ a la cara.
-Es la herencia italiana -murmuró-. Las mujeres italianas maduran muy pronto -contestó ella, sonrojándose.
-Pero no seas tímida. Yo daría un ojo por tener tus pechos.
-Y yo daría un ojo por tener la mitad -_____ contraatacó.
-No seas tonta, a los hombres les gustan los pechos. Y los tuyos no son demasiado grandes. Son preciosos. Y no dejes que te influya demasiado tu primera experiencia con Bill. Las primeras experiencias sexuales no suelen ser nada gratas para una mujer. Además, no pienses que... -Wilma dijo algo entre dientes que _____ no pudo oír. Cuando la miró otra vez le sonrió-. ¿Dime, qué has pensado hacer?
-No sé, Wilma. Tendré que pensarlo.
-Entonces, tranquila. Tómate el tiempo que necesites. No creo que Tom se vaya a ningún sitio.
_____ deseo que él se fuera a algún sitio esa misma noche. Después de aquella conversación con Wilma, de pronto fue consciente de su presencia, en un sentido físico. Durante la cena, en varias ocasiones se quedó mirándolo fijamente. A sus manos, en especial, y a sus labios. No eran tan finos como en principio había pensado. En una ocasión, él levantó la mirada, mientras se metía un trozo de pastel de queso en la boca, y la pilló mirándolo. Frunció el ceño, como si aquello lo sorprendiera. Durante un momento se quedaron mirándose el uno al otro. _____ se quedó paralizada, incapaz de apartar la vista de él, fascinada por la forma en que el corazón le latía.
-¿Tengo monos en la cara? -le preguntó Tom, al cabo de un rato. Maud y simone miraron a _____, quien se puso colorada.
-No, claro que no. Sólo me preguntaba....
-¿Qué te estabas preguntando?
Su mente buscó desesperadamente algo que decir. -Pues no sabía la forma de pedirte que compraras un árbol de Navidad.
-Ya tenemos un árbol de Navidad -le contestó-. ¿No has visto el que Maud ha puesto en el estudio?
-Sí, pero yo digo uno de verdad -continuó ella, atrapada en su propia mentira-. Bill siempre decía que una Navidad no era una Navidad sin un árbol de verdad.
Aquella mención de Bill les hizo permanecer en silencio durante unos segundos. Hasta que Tom dijo:
-Entonces, compraremos un árbol de verdad. Será lo primero que haga mañana por la mañana.
_____ creyó detectar tristeza en su voz, pero a pesar de ello, aquella declaración pareció alegrar mucho a su madre, que dijo que esa misma noche subiría al ático y bajaría los adornos.
-Hay cosas ahí arriba que no hemos usado desde que Bill y tú erais niños -le dijo, muy alegre-. ¿Recuerdas que Bill siempre se empeñaba en poner el ángel en la punta del árbol?
-Si, madre -le dijo Tom-. Lo recuerdo.
-Y siempre cantábamos villancicos -continuó diciendo ella, con los ojos brillantes por los recuerdos-. Era un chico tan sensible -finalizó con un suspiro.
_____ sintió que el corazón se le encogía al ver el rictus de dolor en la boca de Tom. Estaba claro que Bill debió ser un niño muy sensible, porque lo había sido de mayor también. Pero no tenía el monopolio de la sensibilidad. ¿No se daba cuenta simone de que con aquellos comentarios hería a Tom?
Estaba claro que su madre se había comportado siempre igual. Seguro que a Tom le hubiera gustado también poner el ángel en el árbol. ¿No se le habría ocurrido pensarlo? _____ decidió que esa Navidad él haría precisamente eso. Se lo iba a pedir ella en persona. Algún día habría que decirle a simone que Tom también tenía sentimientos. Cuando _____ miró a Maud vio que también ella se sentía molesta. Tenía el ceño fruncido. A lo mejor, por primera vez se daba cuenta de lo injusta que era su madre con su hijo más pequeño. A lo mejor hasta le decía algo. _____ sabía que ella no estaba en una posición para poder hacerlo. De pronto Tom se levantó.
-Maud, llévame el café al estudio. Tengo que hacer unas llamadas.
-Sí, Tom -le respondió sonriendo-. Y te llevaré también un trozo de mi pastel de Navidad. Ya lo tengo hecho. Le he puesto casi más ron que huevos.
Tom quedó gratamente sorprendido por la calidez tan poco característica del ama de llaves. Aquella sonrisa de sorpresa conmovió a _____. Aquel hombre estaba hambriento de afecto. De pronto empezó a pensar en lo que Wilma le había dicho. Tom nunca la querría de la forma que había querido a Charmaine. Ella nunca lo querría de la forma que había querido a Bill. Pero podrían aprender a amarse, en especial si pudieran tener un hijo juntos. El médico le había dicho que físicamente no le pasaba nada, que el aborto no fue culpa suya. Había investigado el problema de su madre. Pidió el historial médico a Lithgow y le dijo que lo de su madre no era congénito, sino que había sido provocado por un parto difícil. No había ninguna razón por la que _____ no pudiera concebir otra vez y tener hijos. El doctor Henderson se lo había asegurado, pensando que el bebé que había perdido era de Tom, y que seguro que querrían seguir intentándolo. _____ tragó saliva, cuando pensó en irse a la cama con Tom. Le había dicho a Wilma la verdad, cuando le comunicó lo nerviosa que se ponía nada más pensarlo. Tom la intimidaba, tanto por su tamaño, como por porte autoritario. Y eso no había cambiado, a pesar de que ya no le daba miedo. Pero se ponía nerviosa sólo de pensar en la posibilidad de acercarse a él y proponerle hacer realidad su matrimonio y tener un hijo juntos. Porque no sabía cómo iba a reaccionar. No estaba tan segura de que la pudiera encontrar una mujer deseable. Pero los hombres no ponían reparos para irse a la cama con cualquiera, aunque no estuvieran enamorados. Estaba claro que Tom había estado acostándose con mujeres durante los últimos meses. Seguro que nunca se había acostado con la misma mujer. Wilma lo sabría, porque ella era la que reservaba los billetes por él, y estaba claro, por la conversación que mantuvieron, que Tom no estaba atrapado en las garras de una sola mujer. Wilma tenía razón. Tom no tendría problema si quería llevarla a la cama. ¿Pero estaría dispuesto a dejarla embarazada? Sólo había una forma de saberlo. Tendría que preguntárselo.

AAAAW CHIKAS DEVERDD DISCULPENME U.U ESQ NO HABIA TENIDO TIEMPO PERO ME E PROPUESTO TERMINAR DE SUBIR ESTA ADAPTACION PARA QUE NO SE QUEDE AMEDIAS, SI YA EMPEZE TENGO Q TERMINAR NO CREN? ADEMAS LOS CAPS OVIAMENTE YA ESTAN HECHOS RECUERDEN QUE ESTA ADAPTACION NO ES MIA OK? :) SOLO LA PUBLIKO PARA QUE USTEDES TENGAN MAS FACILIDAD DE LEERLA Y PARA QUE SE ENTRETENGA Y SE OLVIDEN D LO DEMAS ASI QUE ESTARE SUBIENDO CAPITULOS EL DIA DE HOY EN DIFERENTES HORARIOS ESPERO QUE LES GUSTE ;)

sábado, 30 de julio de 2011

CAP. 9

_____ extendió un brazo y tocó una mano de Tom. Él la miró al instante.
-No estés triste Tom -le dijo, para tranquilizarlo-. Si hay algo que podamos sacar de lo ocurrido, es que por lo menos nos hemos hecho amigos. Mira, ni siquiera he tartamudeado una sola vez.
El se quedó mirándola, con tanta intensidad que empezó a darse cuenta de la situación en la que se encontraba. Ya no llevaba al hijo de Bill. Ya no había razón alguna para quedarse a vivir en casa de los Kaulitz. Su amistad había llegado un poco tarde. Retiró la mano y sintió una punzada de dolor en el corazón.
-¿Qué te pasa? -le preguntó Tom-. ¿Te ocurre algo?
-Nada...
-No me digas eso, _____. Tu cara es un libro abierto. ¿Qué es lo que te preocupa?
-Pu... pues me estaba pensando en lo que iba a hacer ahora -admitió ella-. Dónde me voy a ir a vivir.
-¿Por qué? ¡Te puedes quedar a vivir en Kaulitz Hall, por supuesto!
-No está tan claro, Tom. Ya no hay ninguna razón, para que siga viviendo allí. Y ya no hay razón para que sigas casado conmigo.
-Tonterías -se levantó y empezó a caminar por la habitación, mirándola de vez en cuando. El día anterior, seguro que aquella mirada la hubiera acobardado. Pero en aquel momento sabía que Tom no era como se lo había imaginado. Debajo de aquel lobo se escondía un cordero. Debajo de esa dura coraza, había un corazón tierno.
-Mi madre me despellejaría si no te vinieras a vivir con nosotros. Y también Maud. Das alegría a la casa, _____. Eres como un día de primavera después de un largo invierno. No puedes dejarnos. ¡Es una orden!
_____ se quedó un poco sorprendida, por aquella declaración poética y apasionada de Tom.
-Trataré de encontrarte un trabajo, cuando te recuperes -continuó él-. O si quieres, también puedes ir a la universidad y estudiar algo. ¿Has aprobado el instituto?
_____ asintió. Sólo fue capaz de sacar un aprobado, porque Joe la obligaba a ayudarlo en la granja. Faltó más que cualquier otro de sus compañeros de curso.
-Entonces, todo decidido. Y no quiero oír más esas tonterías de que te vas. Dios mío, _____, ten compasión de mí, antes de sugerir eso otra vez. No quiero ni pensar lo que Wilma diría, si se enterara. Mi vida no tendría ningún valor.
_____ le sonrió, y luego bostezó de cansancio.
-Estoy siendo un poco egoísta, molestándote con todo esto cuando tendrías que estar durmiendo. Pero sólo estaba intentando aclarar algunas cosas. Deberías haberme mandado callar y decirme que me fuera.
-Cállate y vete -le dijo ella, sonriendo. Él le devolvió la sonrisa, se acercó a ella, se inclinó y le dio un beso en la mejilla.
-Y ahora a dormir -murmuró él-. Y no te preocupes. Yo te cuidaré. Se lo prometí a Bill...



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-¡Vaya casa de locos! -exclamó Wilma-. Parece que el día de Navidad va a ser mañana, en vez de dentro de una semana. Todo el mundo está comprando en Chatswood. Creo que lo mejor será ir a comprar a una tienda más pequeña, _____. Mira, ahí queda una mesa vacía. Vamos a sentarnos. Estoy agotada.
-Y yo también -le dijo _____-. No creí que comprarle a Tom una cámara sería tan difícil, o que fueran tan caras.
_____ y Wilma se fueron hacia una de las mesas que había contra la pared y se sentaron, felices de poder poner los paquetes en algún sitio y descansar un rato. Una camarera se acercó a ellas y se sintió un poco aliviada, al oír que sólo querían dos cafés con hielo.
-No debes preocuparte por el dinero, _____ -le comentó Wilma, cuando se fue la camarera-. ¿No te ha abierto una cuenta Tom para tus gastos?
-Sí, sí. Tengo la libreta guardada en mi habitación.
Wilma frunció el ceño.
-¿No las utilizado aún?
-No. No he tenido necesidad de ello. Tom me ha comprado toda la ropa que necesitaba. Maud ha llenado los armarios con todos los artículos de tocador que te puedas imaginar. Simone insiste en invitarme siempre que vamos al cine y tú pagas todo cada vez que salimos los sábados.
Pasar el sábado con Wilma se había convertido en un ritual. Algunas veces se iban a la casa que Wilma tenía en Horsby, comían allí y hablaban de sus cosas, pero la mayoría de las veces _____ la acompañaba a ir de compras. Wilma era una especie de adicta a las compras.
-La verdad, Wilma, no me siento cómoda con la cantidad de dinero que me da Tom. Es más de lo que yo esperaba, incluso cuando llevaba dentro de mí al hijo de Bill. He pensado preguntarle a Tom si quiere que le devuelva parte.
-¡Por Dios, cómo se te ocurre decir eso! -exclamó Wilma-. Se enfadaría un montón. Le gusta pensar que te está cuidando como debe cuidarte. Y le gustaría que gastaras un poco más de dinero, también.
-Pero no para comprarle su regalo de Navidad -insistió _____-. Eso no habría sido justo.
-¿Entonces de dónde sacaste los cien dólares que te costó esa cámara?
-Los gané.
-¿Los ganaste? ¿Cómo?
-Planchando.
-¿Planchando?
-Sí, convencí a Maud para que me pagara por planchar la ropa que normalmente enviaba a la tintorería. Luego, puse anuncios ofreciendo mis servicios. Ya tengo cuatro clientes. He ganado ciento cincuenta dólares, el último mes.
Wilma la miró sorprendida.
-¿Sabe Tom algo de todo esto?
-Claro que no. Ni lo va a saber. Seguro que se enfadaría.
-Enfadarse es poco, _____ -le dijo Wilma-. No has visto cómo se pone cuando está furioso.
-Bueno, le he visto enfadarse de vez en cuando.
-No es lo mismo, te lo aseguro.
-No me puedo imaginar al Tom de los últimos meses ponerse furioso. ¿Qué le pasa, Wilma?¿Todavía sufre la pérdida de Bill o del hijo de Bill? Porque eso es lo que le pasa a simone. Todo el tiempo está triste y apesadumbrada. Maud es la única que está feliz y contenta. A veces, me pongo furiosa con Tom y su madre. ¿No piensan que yo estoy triste también, que siento la pérdida más que ellos, quizá? Yo puedo entender los cambios de humor de simone. Porque ya es mayor. Pero Tom podría sonreír de vez en cuando. Tan sólo viene a casa, come, trabaja y duerme. Cuando habla es bastante cortante. Y bebe como una esponja. Maud está bastante preocupada.
-¿Y tú, _____? -le preguntó Wilma-. ¿Estás tú preocupada? ¿De verdad te preocupa lo que le pasa a Tom?
-¡Por supuesto que sí! Me preocupa mucho. Y desearía que él también se preocupara por mí. Creí que habíamos llegado a entendernos la noche que perdí al hijo de Bill. Se comportó tan cariñosamente conmigo, Wilma. Yo pensé que... -movió de lado a lado la cabeza, como si no supiera lo que pensar-. No sé, creía que podíamos llegar a ser buenos amigos. Pero ahora, me doy cuenta de que no puedo ser amiga de Tom. Soy su responsabilidad, eso es todo. Y eso es todo lo que puedo ser para él.
-Yo no diría eso...
El tono de Wilma sorprendió a _____, e iba a contestarle, cuando llegó la camarera con los cafés. Se quedó pensando unos segundos en lo que Wilma había querido decir. Miró a Wilma. Y ella sonrió.
-Ya veo que estás abriendo los ojos, en más de un sentido. Me preguntaba cuánto tiempo tardarías
-¡Pero, pero eso no puede ser, Wilma! Es imposible que yo le guste a Tom. Y además yo estoy todavía enamorada de Bill.
-Me alegro de que no me hayas mentido, diciéndome que no te gustaba Tom -le respondió Wilma-. Sólo una chica que estuviera ciega, sorda y muda no se sentiría atraída por él. Ese hombre es guapísimo, y muy sensual.
_____ se quedó mirando perpleja a la secretaria de Tom. ¿Estaría Wilma enamorada de su jefe?
-No -le dijo Wilma-. No estoy enamorada de Tom. Es muy joven para mí. Me gustan los hombres mayores, los que prefieren el cerebro de las mujeres, en vez de su cuerpo -le respondió a _____, al ver cómo la miraba-. Pero tú, _____, eres otra historia. Eres guapa. Y muy joven. Y me niego a creer que no te hayas dado cuenta de lo que te estoy diciendo. Y si crees que Tom no se siente atraído por ti, te recomiendo que lo reconsideres. Apostaría cualquier cosa a que sus cambios de humor se deben a que se siente frustrado.
_____ echó para atrás la cabeza y dio un sorbo de café. Necesitaba algo frío, además de algo de tiempo para pensar. A lo mejor había algo de verdad en lo que Wilma estaba diciendo. Siempre había pensado que Tom era guapo y en un par de ocasiones se había sentido muy atraída por él. Pero no en un plano sexual. Nunca había sentido eso por él. Podría ser que ella atrajese a Tom, pero sólo superficialmente. No creía que pudiera hacerle perder el sueño. De vez en cuando se iba de viaje. No había razón alguna para sentirse frustrado. Aquel sufrimiento era por algo diferente, más profundo y personal. Por primera vez en meses, empezó a pensar en la ex mujer de Tom. Nunca le había preguntado a Maud por aquella mujer porque la pérdida del hijo de Bill había hecho que se olvidara completamente de ella. Pero en aquel momento le picaba la curiosidad.
-Cuéntame algo de Charmaine, Wilma. ¿Cómo era?
-La mujer más guapa que he visto en mi vida, a primera vista. Pero cuando la mirabas de cerca, te dabas cuenta de que no era tan perfecta. Era como de plástico. Rubia, con una sonrisa artificial, grandes pechos, piernas largas. Una chica Penthouse. Pero nada tonta, sin embargo. Porque detrás de aquella imagen estereotipada, se escondía una mente muy sagaz. Jugaba con Tom como quería. Estuvo hechizado, hasta el día que descubrió toda la verdad.
-¿Y qué descubrió?
-No debería decírtelo, aunque no creo que Tom piense que yo lo sepa. Pero si aireas los trapos sucios, con tu secretaria en la habitación de al lado, lo mejor es que bajes la voz.
-¿Y qué es lo que hizo?
-Pues estaba tomando la píldora. Eso es lo que hizo.
_____ se quedó blanca. Wilma suspiró.
-Parece ser que Tom y Charmaine habían estado intentando tener un hijo desde que se casaron. Como, al cabo de un año, no se quedaba embarazada, pretendió estar preocupada e incluso le dijo que iba a ir a hacerse unas pruebas. Incluso convenció a Tom para que se las hiciera él mismo. Cuando le dieron los resultados y le dijeron que podía tener hijos, llamó al médico de Charmaine y le preguntó qué podría hacer para ayudarla a concebir.
-¿Y el médico le informó de que se estaba tomando la píldora?
-No tan claro. No hubiera podido decírselo tan claramente. Pero al ver que no le daba una respuesta, Tom empezó a pensar y cuando ese día Charmaine fue por la oficina, para comer con él, le contó sus sospechas. La interrogó y finalmente admitió que había estado tomando anticonceptivos desde el principio. Tom perdió los estribos y la llamó de todo. Ella le gritó y le dijo que no tenía ninguna intención de echar a perder su figura, teniendo a un mocoso.- _____ puso gesto de amargura.
-Y no se le ocurrió otra cosa que decirle que si tenían un hijo arruinarían su vida sexual, y cometió el gran error de decirle que lo amaba tanto que no quería perder eso. Tom le contestó que no tenía ni idea de lo que era amor, y que cuando esa noche volviera a Kaulitz Hall, esperaba que se hubiera ido de allí. Ella salió disparada de la oficina y le dijo que lo iba a demandar. Tom le respondió que le daría lo que quisiera, sólo por librarse de ella.
-Pobre Tom. Debía estar muy enamorado, para responder de esa manera.
-Sí, Charmaine lo dejó muy marcado.
-Estoy convencida de que incluso juró no volverse a casar otra vez -murmuró _____.
-Pero se casó otra vez -puntualizó Wilma-. Se casó contigo.
-Pero eso es diferente.
-Lo fue, pero no hay motivo para que siga siéndolo, _____. Si quisieras, lo podrías convertir en un matrimonio de verdad. Podrías darle a Tom los hijos que él siempre ha deseado. Nunca te dejaría. Estoy convencida.
_____ quedó sorprendida, no sólo por aquella sugerencia sino por su propia respuesta, en especial en lo que se refería a la posibilidad de tener hijos en un futuro cercano. Había pensado, después del aborto, que nunca iba a intentar tener otro hijo. La idea de tener uno la hizo sentirse especial por dentro. Deseaba un hijo al que pudiera amar y cuidar. Lo quería de todo corazón.
¿Un hijo de Tom?

viernes, 29 de julio de 2011

CAP. 8

-No, Dios mío, no -gritó, mientras que con manos temblorosas se ponía unos pañuelos y se dirigía otra vez a la cama. Eran las dos y cuarto. A aquellas horas, todo el mundo estaría en la cama, dormido. _____ empezó a sentir pánico. ¿Qué iba a hacer? Tendría que despertar a alguien. Alguien la tenía que ayudar. Lo mejor sería despertar a Maud. Desechó inmediatamente la idea de llamar a Tom. No podría soportar su mirada, acusándola, cuando le dijera lo que le pasaba. No podría. Tendría que avisar a Maud. El problema era que Maud dormía en su propia casa, situada detrás de los garajes. Un poco lejos. Otra punzada de dolor hizo doblarse a _____. Se puso las manos en la tripa y poco a poco salió de la habitación. Sabía lo que eran dolores de regla, pero aquello era una tortura. Tenía la sensación de que iba a perder el hijo de Bill
Empezó a bajar las escaleras, sintiendo una punzada en cada escalón. A lo mejor, después de todo, había alguna esperanza. A lo mejor le ponían una inyección y se curaba. Cuando llegó al final de las escaleras, le sorprendió ver todavía la luz del estudio encendida. Tom estaba todavía levantado. De pronto, sintió otra punzada, como si le clavaran un puñal en la tripa y no pudo evitar emitir un grito de dolor. De pronto, se abrió la puerta del estudio y apareció Tom. _____ estaba haciendo todo lo que podía por permanecer de pie. Tom se quedó pálido, y con un rictus de dolor en la cara se dirigió a ella.
-¿Qué te pasa, _____? -le preguntó, con voz ronca-. ¿Estás enferma?
-Estoy sangrando -le dijo, con voz entrecortada.
-¿Sangrando? -repitió él, sin saber qué decir.
-Sí -dijo ella. Las lágrimas que había tratado de reprimir, empezaron a recorrer sus mejillas-. Oh, Tom -gritó ella-. Creo que voy a perder al hijo de Bill.
Por un segundo, pareció quedarse mudo. _____ se doblaba de dolor, él se acercó corriendo y la sostuvo en brazos, apoyándola contra sí.
-No, no lo vas a perder -gruñó él-. No, si yo puedo evitarlo -y empezó a llevarla de nuevo escaleras arriba.
_____ sollozó, se abrazó a él y puso la mejilla contra su pecho.
-No te enfades conmigo -le dijo, medio llorando, mientras él la llevaba a su habitación-. No he hecho ninguna tontería. De verdad que no la he hecho.
-Ya lo sé -le dijo él, tranquilizándola, mientras la dejaba con suavidad en la cama-. ¿Estás sangrando mucho?
-No demasiado -contestó. Pero cada vez le dolía más.
-Voy a llamar al médico -le dijo Tom-. ¿No sabrás el número?
Ella movió de lado a lado la cabeza.
-No de memoria -respondió-. Pero lo apunté en el listín de la mesa del vestíbulo. Se llama Henderson.
-Voy a llamarlo.
_____ no quería que la dejara sola, pero sabía que no había más remedio. Los cinco minutos siguientes fueron interminables. No despegó los ojos de la puerta, relajándose un poco cuando apareció Tom otra vez. Se acercó a ella y se sentó en la cama, a su lado. Qué fuerte era, pensó ella. Y qué amable. Lo había juzgado mal. Muy mal.
-No te asustes -empezó a decirle-. Pero el doctor Henderson me ha dicho que te lleve al hospital. Ha enviado una ambulancia. Va a venir enseguida. He llamado a Maud. Se está vistiendo. Va a acompañarte.
-¿No puedes venir tú? -le preguntó, con voz temblorosa.
Aquella petición pareció sorprenderlo.
-¿Quieres que vaya contigo?
-Sí. Me sentiría mejor si vinieras. Prométeme que vendrás. Prométeme que no me dejarás sola.
-Te lo prometo -le dijo.
_____ cerró los ojos y suspiró.
-Gracias -susurró.


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Perdió el niño, y Tom la tuvo que dejar cuando se la llevaron a la mesa de operaciones. Pero la estaba esperando cuando la llevaron a la habitación del hospital al cabo de un par de horas. Cuando metieron la camilla se levantó, observando en silencio cómo la colocaban y acomodaban en la cama.
-Deberías haberte ido a casa, Tom -fue lo primero que le dijo, cuando se quedaron a solas-. Debes estar agotado.
-Una promesa es una promesa, _____-le dijo, mientras acercaba una silla al lado de la cama y se sentaba en ella-. No habría podido dormir, aunque me hubiera ido. ¿Qué tal estás?
-Bien, supongo -le dijo, encogiéndose de hombros.
-No tienes que reprimir nada, cariño. Si quieres llorar, llora. Porque yo estoy a punto de echarme a llorar.
-¿Tú, Tom? -le preguntó ella, sorprendida.
La verdad es que parecía estar muy triste. Más que triste, destrozado. Lo observó detenidamente y vio que tenía los ojos inyectados en sangre.
-Ya sé, ya sé -dijo él, mientras se pasaba una mano por el pelo-. Estoy horroroso.
-Pareces agotado. La verdad es que deberías irte a casa.
-No -respondió él-. Me quedo.
Se produjo un silencio, en el cual _____ cerró los ojos y se dejó llevar por la depresión. Sabía que aquella sensación de haber defraudado a Bill no la abandonaría jamás. A lo mejor tenía que haberle dicho al médico el historial médico de su madre. De haberlo hecho, posiblemente todo aquello se habría podido evitar. El miedo a que ella pudiera haber heredado de su madre la incapacidad de tener un niño los nueve meses, la desconcertó.
-Espero que no te eches la culpa de todo esto.
_____ abrió los ojos al oír las palabras de Tom. Se encogió de hombros, incapaz de confirmarle o negarle lo que estaba sintiendo. ¿Era culpa? ¿Desesperación?
-Estuve hablando con el médico -continuó Tom-. Y me dijo que lo que te ha ocurrido es normal, cuando el feto no se desarrolla bien. Me dijo que tenía la sensación de que algo iba mal cuando viniste la última vez, que por eso te mandó una ecografía. Pero que no te dijo nada, por miedo a preocuparte.
-Mi madre tuvo bastantes abortos -le dijo-. A lo mejor a mi me va a pasar lo mismo.
-Lo dudo, _____.
-Pero podría ocurrir-aquel pensamiento la aterrorizaba, porque ella siempre había querido tener un montón de niños.
-No saques conclusiones precipitadas. Pregúntaselo al médico cuando lo veas.
-Está bien -suspiró ella, y guardó silencio.
-Háblame de tu madre, _____ -le pidió Tom, al cabo de un rato-. Lo único que sé es que murió antes de irte a vivir con Bill. También me contó que tu padrastro había intentado convencerte para que te casaras con él. ¿Es verdad?
Ella asintió.
-Me padrastro era italiano también. Mi padre no era italiano. Era australiano. Mi madre lo conoció en el colegio. Era profesor de inglés.
-Apuesto a que a sus padres no les gustó eso.
-Sus padres murieron mucho tiempo antes, en un terremoto en Italia. A ella la enviaron aquí a Australia, a vivir con su tío y su tía. Parece ser que era un poco rebelde y que nadie la podía controlar. Se casó con mi padre, nada más acabar el colegio y yo nací a los nueve meses de que ellos se casaran. Después tuvo dos abortos y los médicos le dijeron que era mejor no intentarlo más, que podría ser peligroso.
-¿Y lo intentó?
-Con mi padre natural no. Pero después de morir él, de un ataque al corazón, se casó con joe Era su primo en segundo grado. Entonces fue cuando nos trasladamos a vivir a una granja a las afueras de Lithgow. Joe quería tener un hijo. Mi madre, la pobre, intentó año tras año tener un hijo, y siempre lo perdía. Yo me acuerdo de discutir con mi padrastro y decirle que la estaba matando. Calló unos instantes. Luego continuó:
-Un día, cuando yo ya tenía dieciséis años, mamá tuvo su quinto aborto, y él y yo tuvimos una fuerte discusión. Me dijo que la función de las mujeres era tener hijos y que si mi madre no le podía dar uno, entonces tendría que buscar a alguien más joven que se lo diera. E intentó... ya sabes. Luché con él y agarre un cuchillo y le dije que si se acercaba a mí, lo mataba.
-No me importaría nada, encargarme de ese cerdo yo mismo -gruñó Tom-. ¿Lo intentó de nuevo?
-No, hasta que murió mi madre. Pero no intentó forzarme a meterme en la cama con él. Lo único que quería era casarse conmigo. Cuando me negué a ello, me encerró en mi habitación y me dijo que no me iba a dar ni agua, ni comida, hasta que recapacitara.
-¿Y qué hiciste?
-Pues logré escaparme por la ventana y me fui a casa de Bill, que vivía en la casa de al lado.
-¿Y qué hizo Bill?
-Me dijo que me podía quedar con él, hasta que decidiera lo que iba a hacer con mi vida. Y eso fue lo que hice.
-¿Y qué hizo tu padrastro?
-Vino a buscarme, hecho una fiera. Pero Bill estuvo magnífico -_____ sonrió, mientras recordaba la escena-. Sacó su escopeta, que no funcionaba, pero Joe no lo sabía. Le apuntó a la cabeza y le dijo que como se acercara a mí otra vez, le iba a volar la cabeza.
-¡Dios mío! ¿Hizo eso Bill?
-Sí.
-¡Dios mío! -murmuró Tom-. ¿Y qué pasó después?
-Joe vendió la granja y se trasladó a Melbourne. Desde entonces no he sabido nada más de él.
-Apuesto a que no lo has echado de menos.
-Para nada.
Tom empezó a mover de un lado para otro la cabeza.
-Todavía no me lo acabo de creer. Bill, mi hermano, tan dulce y suave, amenazando físicamente a alguien.
-Si quieres te cuento lo que pasó nada más marcharse Joe.
-Sí, cuéntamelo.
-Pues Bill se desmayó. Tuve que llevarlo dentro y meterlo en la cama.
-Eso sí suena al Bill amado y querido que yo conocí.
A _____ le dio un vuelco el corazón, y miró a Tom, con lágrimas en los ojos.
-¿Lo querías mucho?
-Mucho.
-Él también te quería a ti.
-Eso espero, _____, eso espero.
-Era un hombre muy especial.
-Muy especial.
-Y ya no está -empezó a sollozar-. Y he perdido a su hijo. Ya no queda nada de él en este mundo. No es justo. No es justo...
-La vida nunca fue muy justa con Bill -dijo Tom, suspirando.
-Yo lo quería mucho.
-Sí, ya lo sé.
-Nunca lo olvidaré.
-Sí, ya lo sé.
La desolación que había en la voz de Tom le llegó al corazón. Él también estaba sufriendo. No tenía que ser tan llorona. A Bill no le hubiera gustado que fuera tan llorona. Era un hombre que aborrecía la tristeza. Y no le gustaba nada el odio en la gente. Siempre decía que era una pena que la gente no se amaran unos a otros.

miércoles, 27 de julio de 2011

CAP. 7

-Está bien -dijo _____-. Pues entonces puedo empezar a lavar y planchar las cortinas. O podría abrillantar los suelos.-
-¡De eso nada! Tom me despellejaría viva, si te dejara hacer eso. No, enviaré las cortinas a la lavandería, como siempre hacemos. Y por lo que se refiere a los suelos, son demasiados para ti sola. Si quieres hacer algo, hay un montón de cacharros de plata que hay que limpiar. Ese es un buen trabajo para ti.-
-¿Cuál es un trabajo bueno para ella? -preguntó simone, cuando entró en la cocina, con el periódico doblado en la mano.
-_____ va a limpiar la plata.-
-Qué buena chica eres, _____. Mira a ver si aciertas esta palabra del crucigrama.-

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Cuando llegó la hora de irse a la cama, _____ esperó no ver nunca más otro cacharro de plata, u otro crucigrama. Había pasado toda la tarde dándole vueltas a la cabeza, intentando averiguar la solución, hasta que simone apareció y lo resolvió ella misma.
La única recompensa de todo su trabajo fue que al acabar ese día, se sentía agotada, y no tuvo las mismas dificultades para dormir que la noche anterior. A la mañana siguiente, llegaron los que iban a limpiar las ventanas y las persianas de la casa. Dos hombres se dedicaron a lavar las ventanas por fuera y por dentro. Una chica enceró y abrillantó los suelos de la casa, mientras que otro hombre limpió las alfombras del piso de arriba.
El miércoles por la tarde, todas las persianas y ventanas estaban limpias y todo olía a fresco y limpio. _____ estaba paseando por la casa, admirándolo todo, cuando se dio cuenta de que los ventiladores que había colgados del techo no estaban limpios. Sin decir nada a nadie, ya que Maud estaba preparando la cena y simone descansando en su habitación, _____ se subió a una escalera y con un plumero en la mano empezó a quitar el polvo de los ventiladores.
Cuando una nube de polvo le cayó sobre la cabeza, _____ paró, suspiró y se bajó de la escalera, para cubrirse la cabeza con un pañuelo. Cuando volvió a subirse a la escalera de nuevo, con el pañuelo en la cabeza, empezó a pasar el plumero otra vez por cada una de las aspas del ventilador. Casi había acabado, cuando dos manos masculinas la agarraron por la cintura y la levantaron por el aire, _____ dejó caer el plumero al suelo, y estuvo a punto de lanzar un grito, cuando Tom le dijo:
-¿Pero qué diablos estás haciendo? - Cuando Tom la bajó al suelo, dándole la vuelta, para mirarla de frente, la sorpresa se convirtió en ira. ¿Quién diablos se creía que era para asustarla de aquella manera? ¿Y además, qué hacia en casa? Todo el mundo pensaba que iba a llegar un par de horas más tarde. Pero ella no dijo nada, se limitó a mirarlo, con los labios apretados por miedo a explotar y decir alguna inconveniencia.-

-Yo pensé que el hijo de Bill era lo más importante en este mundo para ti -le recriminó-. ¿Cómo se te ha ocurrido subirte a esa escalera? Te podías haber caído.
-Estaba totalmente segura -protestó ella-. Hasta que me agarraste y me pusiste en el suelo. ¡Casi me da un ataque!.-
Lo cual no era ninguna exageración. Porque su corazón latía tan deprisa que mucho se temía que le diera en cualquier momento. Cuando se dio cuenta que él todavía tenía sus manos en su cintura, se apartó precipitadamente y se golpeó la espinilla contra la escalera. El dolor que sintió, además de su torpeza, la hizo volverse y decirle:
-¡Mira lo que has hecho!
-Yo no he hecho nada, _____, sino cuidarte. Bill me encargó que te cuidara y nunca me perdonaría que te pasara algo.-

_____ se dio cuenta de que era ella la que estaba defraudando a Bill. En el fondo sabía que él tenía razón, que no se tenía que haber subido a aquella escalera. Maud se lo había advertido, pero ella no hizo ni caso. El remordimiento se mezcló con el sentimiento de culpa, según se iba dando cuenta de su estupidez.

-Lo siento -le dijo, en un tono de voz cargado de emoción, dirigiendo su mirada al suelo-. Ya no lo haré más.
-Eso espero -gruñó él-. Pero la próxima vez que me vaya, le dejaré instrucciones muy claras a mi madre y a Maud. Porque no se puede confiar mucho en ti, al ver la pasión que muestras por la limpieza.
Ella lo miró, asustada, al pensar que podría haber causado un problema a Maud o a simone

-Por favor, no les digas nada -suplicó-. Ellas no tienen la culpa. De verdad. Ni siquiera sabían lo que yo estaba haciendo. Maud estaba en la cocina y tu madre descansando en su habitación.
-¿Quieres decir que has estado dando vueltas por la casa, limpiando todo lo que te encontrabas? ¿Es que eres adicta a la limpieza? ¿Eres una de esas mujeres, que no pueden reprimir su impulso y pasan un dedo por cualquier superficie para ver si está limpia?.-
-¡Por supuesto que no! Pero me gustan los trabajos bien hechos. Maud llamó a un servicio de limpieza, y yo estaba comprobando cómo lo dejaron, cuando me di cuenta de que se habían olvidado de limpiar los ventiladores.--
-Y no pudiste evitarlo -le dijo él.
-No, porque la pasión por la limpieza, me hace sentirme mejor.
-No parece que te acobardes por nada. También he observado que ya no tartamudeas. Gracias a Dios. ¿Puedo esperar que va a ser algo definitivo?
_____ lo miró con rabia, pensando que él y Bill eran como la noche y el día.
-Eso espero -le contestó.
Tom se cruzó de brazos y se apoyó en el escritorio que había detrás de él, con una sonrisa en sus labios.
-¿Así que has decidido que después de todo no soy un monstruo?

_____ no podía apartar su mirada. Durante todo el tiempo que había estado en esa casa, nunca había visto a Tom sonreír de la forma que lo estaba haciendo. Transformaba su cara, y daba una cierta calidez a su expresión. Su boca formaba una curva muy sensual y sus ojos brillaban con un cierto grado de humor y de humanidad. De pronto se dio cuenta que estaba frente al Tom que Bill tantas veces le había descrito. No el que ella estaba acostumbrada a ver. El Tom que no tenía que esforzarse mucho para conseguir una mujer. Durante unos segundos, pudo sentir la fuerza de su atractivo físico, pero un amargo resentimiento borró cualquier debilidad a encanto tan superficial. Bill valía diez veces más que él.

-Yo nunca he pensado que fueras un monstruo, Tom -le dijo _____.
-Pues entonces, me has engañado muy bien -le contestó, sonriendo.
El corazón le dio un vuelco. Era imposible que le pudiera atraer el hermano de Bill. Era imposible que aquel hombre le atrajera. Pero lo cierto era que le atraía.
-Algunas personas sacan lo mejor de los demás -le dijo-. Otras lo peor.
Dejó de sonreír. Y el encanto se desvaneció. Fue como si alguien hubiera apagado una luz. _____ se sintió más tranquila. Había sido una aberración momentánea, eso era todo. ¿Cómo podría sentir una cosa así por Tom? Él se incorporó, tomó aliento y suspiró. Parecía cansado.
-Sí -admitió, a regañadientes-. Bill tenía ese don. Se lo reconozco. Se hacía querer, a pesar de que fracasaba en todo lo demás. No tengo ni idea de cómo lo conseguía -añadió, moviendo de lado a lado la cabeza. La palabra fracaso, evocó un sentimiento maternal en _____.
-Siempre estás diciendo que Bill era un fracasado y un perdedor-lo acusó-. Pero no es verdad. Si el éxito hay que medirlo por lo mucho que una persona es valorada, entonces él era el hombre con más éxito de todos los tiempos.
Tom se quedó mirándola fijamente.
-Puede que tengas razón. Puede que tengas razón -se dio la vuelta, se fue detrás de la mesa y se dejó caer en el sillón de cuero. Cerró los ojos un instante, los abrió y le dijo:
-Ve y dile a Maud que estoy en casa, por favor. La cena a las siete, si es posible. Tengo mucho trabajo todavía.
-¿Qui... quieres que te traiga una taza de té? -le ofreció, en un tono como de disculpa. Lo último que deseaba era estar a mal con Tom.
-¿Ahora, quieres decir?
-Sí.
-No, gracias. Necesito algo más fuerte. Yo mismo me serviré una copa en un momento. ¡Por Dios bendito, no se te ocurra llevarte tú esa escalera! -gruñó de pronto, mientras se levantaba de la silla-. Y quítate ese pañuelo. Pareces la señora de la limpieza.
_____ se sonrojó, cuando se dio cuenta de que se había olvidado del pañuelo. Se pasó una mano por la cabeza y se lo quitó, mortificada por haberse comportado de forma tan tonta delante de Tom, que siempre iba vestido como si acabara de salir del sastre. Sus caros trajes nunca se arrugaban, su camisa era tan blanca como sus dientes y su pelo negro nunca estaba despeinado.
-No tienes por qué gritarme -le dijo, con semblante triste-. Ni hay necesidad de hacerme sentir mal.
Tom suspiró, irritado.
-No era mi intención hacerte sentir mal. El único que se siente mal aquí, soy yo.
-Pues no entiendo porqué -murmuró ella-. Eres el único que ha estado por ahí, divirtiéndote en Gold Coast.
-No he estado divirtiéndome, _____. Fue un viaje de negocios.
-Oh, sí, claro.
Se quedaron mirándose uno al otro, _____ con un tono de cinismo en su mirada, y Tom sorprendido. Pero no por mucho tiempo, porque poco a poco sus facciones se fueron endureciendo, adquiriendo un tono de resentimiento, mientras la miraba, con sus ojos marrones de arriba a abajo. _____ respiró hondo, arrepintiéndose de haberle informado de que sabía perfectamente el motivo de su viaje.
-No entiendo tu actitud -le dijo-. Te prometí que sería discreto. Y lo he sido. Muy discreto, diría yo. Y lo seguiré siendo hasta que estemos divorciados. Hasta que llegue el momento, no intentes juzgar mis actos. ¡No lo voy a permitir! -terminó, dando un golpe con el puño en la mesa-. Nadie me va a hacer sentir culpable, cuando no estoy haciendo nada para merecerlo. ¿Qué pasa si he pasado dos noches con una mujer? ¿Qué querías que hiciera, satisfacerme yo mismo, como un colegial? ¡Podías crecer un poco! Esto es la vida de verdad. Y los hombres de verdad se van a la cama con mujeres de verdad. ¿Comprendes?
_____ sintió un escalofrío ante aquel ataque de furia.
-Ss, sí -dijo, con voz temblorosa-. En... entiendo.
Él hizo una mueca cuando la oyó tartamudear.
-Vete -le ordenó, haciendo un gesto de impaciencia con la mano, mientras se echaba para atrás en el sillón-. Vete.
Y ella se fue.

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La cena de aquella noche fue un suplicio. _____ se sentó a la mesa, con miedo de que Tom pudiera regañar a simone o Maud por lo de la escalera. Pero no lo hizo. La verdad, no dijo una palabra durante toda la cena, estuvo pensativo, su mente a millones de kilómetros de allí. Cuando su madre o Maud le hablaban, parecía que tenía que hacer un esfuerzo para volver a la realidad. Todas las preguntas sobre su viaje, por inocentes que fueran, las respondía de forma escueta y sin hablar mucho.
_____ sabía el porqué. Porque no había ido a ningún negocio. Tom se había ido a Gold Coast sólo por una razón. _____ perdió el apetito al pensar en esa razón, preguntándose cuánto tardaría en hacer el próximo viaje. En una ocasión sus miradas se cruzaron. El la miró y después se concentró en el postre. _____ se sintió más aliviada al ver que Tom pidió que le llevaran el café al estudio.
-No parece que le hayan salido las cosas bien en ese viaje-murmuró Maud, mientras ella y _____ recogían los platos. simone ya se había ido a su habitación, a descansar. _____ no supo qué responder, sabiendo que fue la discusión que tuvo con ella la que le había puesto de mal humor.
-A lo mejor es que está cansado -contestó ella, odiando las explícitas imágenes que surgían en su mente.
-Entonces tendrá que dejar de trasnochar tanto -dijo Maud-. No parece que duerma mucho. Y además bebe bastante. Ayer, estuve limpiando las botellas del estudio y no quedaba una gota de whisky. Por no mencionar el brandy, vodka o coñac. Espero que no siga los pasos de su padre. Henry bebía mucho los años anteriores a su muerte. Y estaba muy gordo. Yo creo que los sesenta es pronto para morir.
-Mi padre sólo tenía treinta y nueve cuando murió, de un infarto -dijo _____, tragando el nudo que se le había formado en la garganta, como le ocurría siempre que pensaba en su padre.
-Sí, ya me lo has contado -musitó Maud-. Era muy joven. ¿Y cuantos años tenía tu madre cuando murió?
-Treinta y ocho.
-Debió ser muy triste.
_____ respiró hondo y dejó salir el aire poco a poco.
-Sí, lo fue -contestó, e inmediatamente se puso a limpiar y apilar los platos.
Aquella noche, una vez más, _____ tuvo dificultades para dormirse. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto. Además, todavía estaba intranquila por el incidente con Tom. Él tenía razón. No tenía ningún derecho a juzgar su vida privada. ¿Qué otra cosa podría esperar que hiciera? Era un muchacho fuerte, Sano, guapo, lleno de energía y de hormonas. Un hombre como Bill podría haberse pasado la vida en celibato, sin importarle lo más mínimo. Pero su hermano pequeño estaba hecho de otro material. Tom siempre había sido un ganador en lo que al sexo opuesto se refería.
Cuando _____ estaba a punto de quedarse dormida, se preguntó qué clase de mujeres atraían a Tom. ¿Le gustarían las chicas altas, rubias y sofisticadas? Seguro que le gustaban las chicas altas, decidió, mientras bostezaba. El último pensamiento, ya borroso, de _____, fue acordarse de preguntarle por la mañana a Maud, cómo era Charmaine, a pesar de que ya se había formado una imagen de ella. Alta, rubia, esbelta, con los ojos azules, piernas largas. Nada parecido a ella, bajita, de aspecto italiano, con los ojos marrones, con una figura demasiado curvilínea y exuberante para su altura.
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_____ se despertó como con dolores de parto. Durante unos segundos se sintió desorientada, sin saber lo que le estaba pasando, hasta que sintió otro retortijón. No, no podía ser!!!. No podía ser!!! Permaneció tendida, sin creerse lo que estaba pasando, hasta que otro retortijón le hizo salir de la cama e irse al baño, donde se dio cuenta de lo peor. Tenía la ropa interior manchada de sangre.

lunes, 25 de julio de 2011

CAP. 6

A la mañana siguiente, _____ se despertó tensa. Miró el reloj y vio que eran las ocho. Había dormido bastante. Pero por el estado de las sábanas, estaba claro que había pasado una noche bastante agitada.
No se había sentido tan mal desde el funeral de Bill, con lo cual estaba claro que se debía más a su estado emocional, que al físico.
Poco a poco se fue dando cuenta de ello. Se sentía deprimida Terriblemente sola.
No. Sola no. Solitaria.
Ni siquiera la hacía sentirse mejor pensar en el hijo que llevaba dentro de ella. Faltaban todavía cinco meses para que naciera aquel niño, o niña. _____ estaba segura de que iba a disfrutar siendo madre, pero por el momento no tenía niño alguno al que pudiera abrazar.
En aquel momento, tan sólo era una pobre chica desvalida, que había perdido al hombre al que amaba, que se acababa de casar con el hermano de éste, y que justo en ese momento deseaba de todo corazón no haberlo hecho.
Tendría que haberse negado, a pesar de la promesa que le hizo Tom a Bill. Tendría que haber seguido viviendo su vida, hacer las cosas a su manera. Pero se dejó llevar y aceptó, sin oponer resistencia. Dejó que el hermano de Bill tomara todas las decisiones por ella.
_____, no obstante, sabía que ella no era tan sumisa, como Tom pudiera pensar. A pesar de que casi nunca explotaba de la manera que lo hizo el día anterior, sí era bastante tozuda, como su padrastro había descubierto. Por eso era por lo que la asustaba su reacción cada vez que estaba con Tom. Era un testimonio claro de su personalidad, que ella se derrumbara en su presencia, cediendo a sus exigencias sin pestañear.
_____ se consoló un poco, pensando que él había dicho que se iba a separar de ella, tan pronto naciera el niño. Y también que iba a comprar una casa para que ella pudiera hacer su vida. Estaría mucho mejor alejada de aquel hombre. Además, lo que pasó la noche anterior, en las escaleras, era una preocupación más.
Tom no era como Bill y, a pesar de que no lo consideraba un posible violador, el incidente en las escaleras la demostraba que no era tan frío como ella hubiera pensado en un primer momento. No había nada frío y calculador en el hombre que la había estado abrazando y acariciando el pelo. Para nada. Sólo de pensarlo sentía un cosquilleo en el estómago. No iba a ser nada fácil estar frente a él otra vez.
Echó para atrás las sábanas y se levantó. No obstante no tendría que preocuparse de nada hasta la tarde. A aquellas horas, un lunes por la mañana, Tom estaría en su oficina de Sydney, pensando en sus negocios y dándole órdenes a Wilma.
Aquel hombre disfrutaba trabajando, decidió _____ mientras se metía en el baño para darse una ducha rápida. Todo el tiempo estaba trabajando. Desde las ocho a las seis de la tarde, seis días a la semana. Llegaba a casa a las siete, cenaba a las siete y media, y se metía en su estudio a trabajar. Cuando ella se iba a la cama, la luz seguía encendida. No entendía, cómo podía trabajar tanto. El domingo era el único día que descansaba, y normalmente lo pasaba jugando al golf.
Cuando media hora más tarde, estaba ya lista para bajar, _____ se sintió mucho mejor. Después de todo, podría estar peor. Algunas mujeres devolvían todas las mañanas, en los primeros meses de embarazo.
Incluso había veces que se olvidaba de que estaba embarazada, en especial cuando se ponía algún vestido suelto, como el que llevaba en aquel momento. Quizá cuando el niño se empezara a mover, sería diferente. Pero hasta aquel momento, lo único que se le notaba era un poco de barriga y los pechos un poquito más grandes.
La casa estaba en silencio. Pero Kaulitz Hall, casi siempre estaba en silencio. Las gruesas paredes y las pesadas puertas de madera impedían oír el ruido de las otras habitaciones.
Cuando _____ llegó allí por primera vez, se quedó impresionada por la grandiosidad de la casa y sus alrededores. Desde entonces se había dado cuenta de que todas las casas de la vecindad eran iguales, tanto en tamaño, como en estilo. Algunas incluso más grandes y opulentas.
Tarramurra era uno de los barrios acaudalados de Sydney, en el que la mayoría de las casas habían sido construidas antes de la guerra.
Cuando le pidió a Maud que le contara la historia de Kaulitz Hall, el ama de llaves le había dicho que había sido construida en los años treinta por el tío abuelo de Tom, y que el padre de Tom la había heredado porque su tío no tuvo descendencia. Era una casa de dos pisos, de estilo victoriano, que simone había reformado y decorado a su gusto.
simone era la que tenía el poder de hacer y deshacer en aquella casa, hasta su muerte. Algo que le había dejado a su hijo bastante claro cuando retiró de las paredes todos los cuadros que había, para poner los que había traído _____ de Bill.
_____ se sintió tensa ante aquel incidente, ya que lo que menos deseaba era ser la causa de un desacuerdo familiar. En aquel momento tachó a Tom de insensible y de no tener compasión. Pero a la luz de otros incidentes y comentarios, se sentía más de acuerdo con él. Después de todo, los cuadros no eran nada buenos.
_____ se quedó paralizada, cuando se dio cuenta de la forma que estaba analizando el talento de Bill. O la falta del mismo.
Durante unos segundos, se sintió desleal. ¿Cuántas horas había pasado alabando su trabajo? ¿Cuántas veces le había repetido que algún día sería famoso, que su trabajo estaría expuesto en galerías o en las paredes de las casas de los millonarios?¿Es que le había mentido?
No, pensó, dando un suspiro. No había mentido. Hasta que llegó allí, a Kaulitz Hall, y vio los cuadros que había puestos en las paredes, no se dio cuenta de que la obra de Bill carecía de talento. Sus cuadros eran mediocres, un trabajo de aficionado, cuando se comparaba con la obra de un buen pintor.
_____ frunció el ceño. ¿Había sido Bill consciente de ello? ¿Lo sabía cuando le sonreía y movía la cabeza, de aquella manera, sonriéndole con cierta tristeza? ¿Sabía que no era un buen pintor, que no era bueno en nada, a excepción de hacerse querer?
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Oh, Bill...
Por unos segundos, _____ se dejó llevar por los recuerdos, antes de impacientarse y decirse a sí misma que no podía seguir actuando de aquella manera.
Cuando consiguió estar un poco más tranquila, se dio la vuelta y siguió bajando por la escalera, pasó al lado de varias puertas que estaban cerradas, y se dirigió hacia la cocina.
La cocina estaba en la parte de atrás del piso bajo, y era el lugar más bullicioso de la casa. Era donde se celebraban las fiestas, se comía, se veía la televisión y se buscaba compañía. Era un sitio amplio y soleado, que a _____ le encantaba.
_____ abrió la puerta y vio que sólo estaba Maud. Durante un segundo temió que pudiera estar Tom, que se hubiera quedado por alguna razón. Pero parecía que la boda del día anterior, no iba a cambiar su rutina diaria, lo cual no dejaba de alegrarla. En las pocas semanas que llevaba viviendo en Kaulitz Hall se dio cuenta de que su presencia cambiaba la atmósfera de la casa. El entorno se cargaba de tensión. simone se encerraba en sí misma más que de costumbre y Maud, que era un cielo de mujer, empezaba incluso a gruñir, sobre todo cuando se dirigía a Tom.
Cuando entró, Maud se dio la vuelta y le sonrió.
-Se te han pegado las sábanas, ¿no?
_____ le devolvió la sonrisa.
-Sí, me he quedado dormida. ¿Se ha levantado simone?
-Sí, está en la salita, leyendo el periódico.
-Entonces la dejaré tranquila -simone se podía pasar la mañana leyendo los periódicos de cabo a rabo y luego hacía los crucigramas. Incluso el del Herald, que era el más difícil de todos. A veces les preguntaba a Maud o a ella algo, pero eran incapaces de ayudarla.
Otras veces se lo preguntaba a Tom, cuando volvía por la tarde, y él le daba la respuesta correcta a los pocos segundos. Una vez, él mismo rellenó los cuadros, que su madre había dejado en blanco. Cuando lo vio simone, le regaño y le dijo que le había estropeado aquella página, poniendo aquellas letras tan grandes, igual que hacía su padre.
Al recordar aquel incidente, _____ frunció el ceño de nuevo. ¿Por qué Tom siempre aparecía como el malo de la película? Bill había sido el hijo más perjudicado. Tom lo tenía todo. Era guapo, inteligente, buen estudiante, un atleta. Tenía un montón de chicas que suspiraban por él. Su padre le había adorado.
¿Qué importaba si su madre no le había querido tanto como a Bill? ¿Qué más daba que se hubiera tenido que casar con una mujer para que el hijo de su hermano pudiera llevar un apellido?
_____ empezó a sentir pena por él. Pero no era pena exactamente, era otro sentimiento.
-¿Qué tal estaba Tom esta mañana? -preguntó a Maud, de forma tan brusca, que la mujer se sobresaltó.
-¿Por qué me lo preguntas?
_____ se encogió de hombros.
-No sé -le contestó.
-Pues no tenía muy buen aspecto. Parecía que tenía resaca.
-¿Resaca?
Maud asintió.
-Ha estado pegándole a la botella últimamente. Desde que murió Bill. Hizo lo mismo cuando esa mujer lo dejó por un productor de cine.
-¿Qué productor de cine? -preguntó _____, ansiosa por saber más cosas sobre el matrimonio de Tom.
-Un americano cazatalentos, que cayó por aquí. Se fue a los Estados Unidos con él. Charmaine siempre tuvo aspiraciones artísticas, aunque si quieres que te diga la verdad, no valía nada. Tenía buen tipo, sin embargo. La cara podía pasar, pero el pelo se veía que lo tenía teñido. Incluso los pechos eran postizos. ¿Quién sabe, hoy día?
-¿Cuánto tiempo estuvo Tom casado con ella?
-Sólo dos años. La verdad, no creo que estuviera muy en sus cabales cuando se juntó con esa mujerzuela. Su padre acababa de morir, Bill había desaparecido, y él se pasaba las veinticuatro horas del día intentando sacar a flote la empresa, cuando la conoció. El pobrecillo no tuvo otra opción.
_____ se quedó sorprendida por aquella inesperada comprensión que Maud mostraba por Tom.
Siempre había pensado que a Maud no le gustaba mucho su jefe.
-¿La amaba? -le preguntó.
-Estaba loco por ella, el muy tonto.
-Oh...
-Esa mujer se pasaba horas y horas arreglándose, bañándose, perfumándose, y en la cama con Tom desde que éste ponía el pie en casa. Era muy desagradable ver la forma en que lo engatusaba.
Le hizo creer que era todo para ella, pero de pronto lo dejó en la estacada.
_____ hizo un gestó de dolor.
-Así es como su madre y yo nos sentimos -dijo Maud-. Pero no podíamos decir nada en contra de ella.
El amor es ciego. O mejor, la lujuria. Tom es como su padre en ese aspecto. Henry era un hombre muy activo físicamente, también. A lo mejor no está bien que diga esto, pero el padre de Tom no era precisamente un marido muy fiel. Simone pretendía no saberlo, pero estoy segura de que se daba cuenta. Ella...
El teléfono interrumpió los cotilleos de Maud. _____ se sintió aliviada. La verdad era que no le apetecía oír los detalles personales y privados del matrimonio de Ivy, aunque lo que le había dicho de la primera mujer de Tom le fue de gran ayuda. ¡Vaya mujer más mala!
-Kaulitz Hall -contestó Maud-. Hola Wilma. ¿Sí? ¿Cuánto tiempo? ¿Dónde? Ya. Estaré lista. Hasta luego.
-Hablando del rey de Roma... -murmuró Maud.
-¿Qué ocurre?
-Que tengo que hacer las maletas para el señor de la mansión -le informó Maud-. Wilma viene a recogerlas. Se va un par de días de viaje.
-¿De viaje?
-Sí, se va a Gold Coast esta tarde. Un viaje de negocios. Eso es lo que dice -murmuró.
_____ guardó silencio, sabiendo que lo que Maud había querido decir con aquella última frase era con toda probabilidad, la razón de su viaje. No era un viaje de negocios. Se iba para satisfacer su frustración sexual, que había sido la causa de lo que había ocurrido la noche anterior. La lógica le decía que estaba haciendo lo que tenía que hacer, lo más discreto. No tenía ninguna razón para estar enfadada por ello.
¿Pero por qué lo estaba?
_____ decidió que no estaba enfadada. Una y otra vez, se repetía a sí misma, que lo que en realidad la irritaba era que Tom no hubiera venido a despedirse en persona. Podía haberse casado con ella por conveniencia, pero por lo menos se podía haber despedido, tanto de ella como de su madre. Aquel hombre era un descortés.
Durante el resto del día, _____ sintió una especie de resentimiento interior, especialmente al ver a Wilma entrar y salir como un torbellino. Su jefe la había ordenado que no se quedara de cháchara y que volviera lo antes que pudiera a la oficina. _____ empezó a plantearse otra vez si Tom no era una especie de máquina carente de sentimientos. Decidió que aquella necesidad sexual de la noche anterior, no tenía nada que ver con los sentimientos. Los sentimientos de verdad, procedían de la cabeza y del corazón. Y de lo que Jonathan sufría estaba de cintura para abajo.
_____ se sintió un tanto molesta al pensar en la forma que iba él a satisfacer aquellas necesidades.
¿Tendría una libreta con direcciones de chicas a las que podía visitar? ¿O se iría a un bar y se liaría con la primera que encontrara?
¡No sería capaz de pagar los servicios de una profesional! Aquella idea le revolvió el estómago.
Pero desechó la idea al instante. Tom no tenía necesidad de pagar los servicios de una profesional. Ni tampoco era un hombre que arriesgara su salud. Seguro que las mujeres con las que se iba tomaban las mismas precauciones al respecto que él. Sexo seguro, sería el nombre del juego.
Satisfacción mutua, era lo que buscaban.
Aquello la hizo sentirse un tanto intranquila.
Cuando llegó la hora de la comida, estaba tan nerviosa que decidió hacer algo de ejercicio físico para tranquilizarse un poco.
-¿Por qué no hacemos una limpieza total de la casa? -sugirió a Maud, mientras daba un mordisco al sandwich de queso-. Hace unos días me dijiste que siempre haces una limpieza general en el mes de septiembre. Como hace sol, si quieres puedo empezar a limpiar los cristales.
-Pero, por favor, _____. Yo te defendí para que hicieras algo en la casa, pero no estás como para subirte a escaleras, limpiar ventanas y cosas así. Y la verdad, yo estoy ya muy vieja para hacer ese tipo de cosas. Cada vez que tenemos que limpiar las persianas y las ventanas, llamamos a alguien.

XD SE IRA PONIENDO MAS INTERESANTE SE LOS JURO

CAP. 5

Después de aquel episodio la tarde transcurrió de forma bastante razonable. Maud había preparado unos aperitivos que se podían comer tanto de pie, como sentados, con un plato sobre las piernas. La conversación giró casi en su totalidad sobre la deliciosa comida que Maud había preparado, y sobre el mal tiempo que habla hecho últimamente. _____ sin embargo, no estaba disfrutando. La tensión acumulada de todo aquel día le estaba pasando factura. Le empezó a doler la cabeza. Aceptó el vaso de vino que Harvey le estaba ofreciendo, y se sentó en el sofá, en el sitio que acababan de dejar simone y Wilma. Al dar un sorbo de vino, sonrió, acordándose de las tardes que había pasado junto a Bill, bebiendo vino barato y hablando sobre el último libro que ella había leído. Estaba en otro mundo diferente, y no se dio cuenta cuando Harvey se sentó a su lado.
-Daría cualquier cosa por saber lo que piensas -le dijo, lo cual la hizo sobresaltarse. Pero no pudo responder más que con una sonrisa, sabiendo que un hombre como Harvey nunca podría entender lo que ella y Bill compartieron, lo que ella sentía por él. Harvey, al igual que Tom pensaba que Bill había sido un perdedor. Había visto la cara de sorpresa que pusieron todos cuando llegó a aquel lugar por primera vez y la presentó como su esposa de hecho. Incluso su madre quedó sorprendida, a pesar de ser Bill su ojo derecho. El anuncio de que _____ estaba esperando un hijo suyo, cayó como una losa. _____ se sintió dolorida al comprobar que todos pensaban que Bill era incapaz de traer un hijo al mundo. Todos estaban confundidos, pensó, mientras se acariciaba su incipiente tripita. Era el padre de la criatura que llevaba dentro, y dentro de una semana, cuando le hicieran la ecografía, sabría si iba a ser un niño o una niña. Ella quería que fuera niño, y que fuera igualito que su padre.
-Ya veo que no te apetece mucho hablar -le dijo Harvey, sentado a su lado-. Sólo quería decir, que me pareces encantadora y que confío en que todo te salga bien. Pero si alguna vez me necesitas, no dudes en llamarme.
-Muy amable por tu parte, Harvey -le dijo, dirigiéndole una sonrisa-. Lo tendré en cuenta. Gracias.
Harvey le dio unos golpecitos en la muñeca y se puso de pie, rozando casi los hombros de Tom en su movimiento.
-¿Te vas ya, Harvey? -le preguntó Tom. Harvey pareció sorprendido por aquella pregunta. Se miró el reloj.
-No, todavía no -le respondió-. Sólo iba a por otro vaso de vino.
-No le traigas otro a _____ -le ordenó Tom, con cierta brusquedad, cuando observó el vaso vacío en sus manos.
-Eso es ella la que lo tiene que decidir.
_____ estaba pensando lo mismo.
-Tom -interrumpió su madre, materializándose a su lado, y quitando un poco de hierro al asunto-. ¿Por qué no pones algo de música? Algo agradable y relajarte. ¿Te gusta Mozart, _____? Lo tenías puesto el otro día.
-Adoro Mozart -dijo ella-. Era el compositor preferido de Bill.
-Ya lo sé. Se lo puse desde el día en que nació. Siempre se lo ponía para irse a dormir.
-Mozart podría dormir a cualquiera -murmuró Tom, en un tono de irritación, mientras buscaba entre los discos de la estantería.
-No hagas caso de Tom -susurró simone, cuando se sentó al lado de _____-. Por alguna razón, siempre ha estado un poco celoso de Bill. Dios sabrá por qué. El pobre Bill no nació con todas las ventajas naturales de su hermano. Siempre fue un niño enfermizo. Tom ni siquiera se constipó. No sé cuántas noches he pasado en vela, al lado de su cama, en especial cuando le daban los ataques de asma. _____ empezó a pensar que a lo mejor era verdad que Tom estaba celoso, no de Bill, sino de todo el amor y atención que su madre había gastado con su hijo mayor. Ella nunca había tenido hermanos o hermanas, pero se podía imaginar perfectamente lo que sería crecer con la sensación de que tu madre quería más a otro hijo que a ti. Pero sin embargo, el padre de Bill había atendido más a su segundo hijo, por lo que quizá la balanza estaba un poco más equilibrada. Las primeras notas de una de las sinfonías de Mozart pusieron fin a la conversación. Lo que había elegido Tom, llegó al corazón de _____, trayéndola una serie de recuerdos. Casi se podía imaginar a Bill sentado frente a ella, en su sillón, con los ojos cerrados, como solía hacer cada vez que escuchaba aquella sinfonía.
-Qué maravilla... -suspiró simone, a su lado-. Qué dulzura.
_____ apretó los dientes para calmar un poco el dolor inesperado que la música provocó en ella, no pudiendo reprimir el gesto, cuando dirigió su mirada al equipo de música. En aquel momento, Tom se dio la vuelta y sus miradas se encontraron. _____ sintió un escalofrío, mientras lo observaba dirigirse hacia ella. Y toda su simpatía hacia él, desapareció. Aquel hombre era granito puro, una persona a la que no parecía afectarle la pérdida del amor de su propia madre. O el amor que pudiera sentir otra persona cualquiera. Dudaba incluso que pudiera saber lo que era amor. No era de extrañar que su primer matrimonio hubiera fracasado. Ninguna mujer podría soportar estar viviendo con una piedra.
-Pareces cansada -le anunció, con brusquedad, cuando llegó a su lado-. Creo que lo mejor es que te vayas a la cama.
-Sí, es verdad, parece que estás cansada, querida -corroboró simone
Estuvo a punto de protestar, pero por sentido común permaneció en silencio. La verdad era que estaba cansada y que le dolía bastante la cabeza. Además, la perspectiva de quedarse allí, escuchando a Mozart, tampoco le apetecía demasiado.
-Tenéis razón, estoy cansada.
Cuando Tom le ofreció la mano, ella dudó unos instantes, pero con cierta resignación, le puso la mano en la de él. Tom cerró sus dedos, grandes y fuertes y la invitó a levantarse. Una vez más, al lado de aquel hombre, se dio cuenta de lo grande y alto que era. Incluso con tacones, tenía que doblar el cuello hacia arriba, para poder verle la cara.
-Te acompaño a tu habitación -le ofreció.
_____ se sintió aterrada y le contestó, tartamudeando:
-N... n... no hace... -cuando trató de apartar su mano, él se lo impidió.
-No seas ridícula -le susurró-. No te voy a comer. Sólo te voy a acompañar a tu habitación. Di buenas noches a todo el mundo.
Todo el mundo le dio las buenas noches. Wilma se levantó, se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Después miró las manos de _____ y Tom unidas y frunció el ceño. _____ se sonrojó. A Wilma pareció sorprenderle su respuesta. En una ocasión le había dicho que muchas mujeres se sentían atraídas por la personalidad de Tom y que lo encontraban muy sensual. Estuvo a punto de gritarle a la cara que ella no senda lo mismo. Sin embargo, pareció no transmitir ese mensaje a su amiga, porque por la mirada que les dirigió, parecía que pensaba que se sentía atraída por él. A lo mejor incluso pensaba que quería llevárselo a la cama. Cuando llegaron al piso de arriba, _____ se soltó. Tom se paró y la miró, furioso.
-¿Pero qué diablos te pasa? -le espetó-. ¿Tan monstruoso crees que soy, que te asusta que te lleve de la mano? ¿O es que crees que Bill nos está observando desde el cielo y piensa que no te puede dar la mano otro hombre?
-¡No! -negó ella, sorprendida de que él pudiera pensar eso. Bill nunca había sido un hombre celoso, o posesivo
-¿Entonces, por qué te asusto tanto? -indagó Tom, un poco desesperado.
-¡No tengo miedo!
-Sí lo tienes -dijo él-. Por supuesto que lo tienes. Tan sólo me tengo que acercar un poco a ti, para que empieces a temblar, y a tartamudear, cosa que no haces cuando te diriges a los demás. Sólo me hablas normal cuando estás enfadada, porque te olvidas de tu miedo. Wilma me dice que yo intimido, lo cual podría explicar tu reacción.
-Lo... lo siento.
-¿Ves lo que te digo?
Ella inclinó la cabeza, sintiéndose infeliz y humillada.
-¡No hagas eso! -le ordenó él-. ¡Mírame a los ojos! .-Ella lo miró, con los ojos empañados de lágrimas.
-Ya lo he hecho otra vez. No era mi intención. Por favor, no llores. No puedo soportarlo.
Antes de que _____ pudiera oponer resistencia, él la tenía entre sus brazos y la estaba acariciando el pelo.
-Si he sido brusco, lo siento. Pero no sabes lo difícil que me resulta todo esto. Dios, si no fueras tan, tan... .- La abrazó con más fuerza, antes de soltarla y apartarla de él, con respiración entrecortada, pero con la cara como una piedra, como de costumbre.
-Lo siento -gruñó-. Como siempre, he metido la pata contigo. Ve a la cama. En el futuro, procuraré portarme mejor.- Se dio la vuelta y se fue escaleras abajo. _____ se quedó mirando su marcha. También ella respiraba de forma entrecortada, y la cabeza le daba vueltas.
Se quedó mirando sus manos. Seguía sintiendo el mismo cosquilleo que sintió cuando las tuvo apoyadas en el pecho de él. ¿Por qué no las había utilizado para apartarlo? Se limitó a extender sus dedos y apoyar la cabeza contra él. Alguna excusa habría que justificara la sensación que había tenido cuando él la abrazó y acarició su pelo, sintiendo sus fuertes brazos en torno a ella. En aquel momento no pensó que pudiera hacerla daño. Ni tuvo sensación de peligro. Simplemente no había pensado. Todavía no se creía del todo que había pasado lo que acababa de pasar. Tom se había excitado, la había deseado. Después de todo, aquel hombre no era una máquina sin sentimientos.
Una hora más tarde, cuando ya estaba en la cama, todavía no se había recuperado del todo de aquella impresión. Estaba con la vista clavada en el techo. Por primera vez desde que se había ido a vivir a aquella casa, no estaba pensando en Bill, ni en su hijo. Su mente estaba intentando volver a imaginarse el momento en que sintió que Tom se excitaba.
La verdad era que aquello no tenía tampoco demasiada importancia. Todo el mundo sabía que los hombres se excitan con más facilidad que las mujeres. Tom habría respondido igual con otras muchas mujeres. No quería decir que ella precisamente le gustara. Estaba claro que ni siquiera le gustaba.
Pero _____ se sentía, de todas formas, desconcertada. Ojalá no hubiera pasado. ¿Cómo iba a poder mirarlo a la cara, a la mañana siguiente? Iba a ser difícil, vergonzoso, y...
Se dio la vuelta y pegó unos puñetazos a la almohada. Varias veces. Se sintió mucho peor, porque la hizo recordar su conducta tan irracional unas horas antes, con el sombrero azul.
-Tengo que dormir -se ordenó a sí misma, en voz alta-. No me voy a levantar. No voy a bajar al salón. No voy a correr el riesgo de encontrarme con Tom otra vez.
Y estuvo repitiendo lo mismo, hasta que se durmió de cansancio.

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