miércoles, 27 de julio de 2011

CAP. 7

-Está bien -dijo _____-. Pues entonces puedo empezar a lavar y planchar las cortinas. O podría abrillantar los suelos.-
-¡De eso nada! Tom me despellejaría viva, si te dejara hacer eso. No, enviaré las cortinas a la lavandería, como siempre hacemos. Y por lo que se refiere a los suelos, son demasiados para ti sola. Si quieres hacer algo, hay un montón de cacharros de plata que hay que limpiar. Ese es un buen trabajo para ti.-
-¿Cuál es un trabajo bueno para ella? -preguntó simone, cuando entró en la cocina, con el periódico doblado en la mano.
-_____ va a limpiar la plata.-
-Qué buena chica eres, _____. Mira a ver si aciertas esta palabra del crucigrama.-

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Cuando llegó la hora de irse a la cama, _____ esperó no ver nunca más otro cacharro de plata, u otro crucigrama. Había pasado toda la tarde dándole vueltas a la cabeza, intentando averiguar la solución, hasta que simone apareció y lo resolvió ella misma.
La única recompensa de todo su trabajo fue que al acabar ese día, se sentía agotada, y no tuvo las mismas dificultades para dormir que la noche anterior. A la mañana siguiente, llegaron los que iban a limpiar las ventanas y las persianas de la casa. Dos hombres se dedicaron a lavar las ventanas por fuera y por dentro. Una chica enceró y abrillantó los suelos de la casa, mientras que otro hombre limpió las alfombras del piso de arriba.
El miércoles por la tarde, todas las persianas y ventanas estaban limpias y todo olía a fresco y limpio. _____ estaba paseando por la casa, admirándolo todo, cuando se dio cuenta de que los ventiladores que había colgados del techo no estaban limpios. Sin decir nada a nadie, ya que Maud estaba preparando la cena y simone descansando en su habitación, _____ se subió a una escalera y con un plumero en la mano empezó a quitar el polvo de los ventiladores.
Cuando una nube de polvo le cayó sobre la cabeza, _____ paró, suspiró y se bajó de la escalera, para cubrirse la cabeza con un pañuelo. Cuando volvió a subirse a la escalera de nuevo, con el pañuelo en la cabeza, empezó a pasar el plumero otra vez por cada una de las aspas del ventilador. Casi había acabado, cuando dos manos masculinas la agarraron por la cintura y la levantaron por el aire, _____ dejó caer el plumero al suelo, y estuvo a punto de lanzar un grito, cuando Tom le dijo:
-¿Pero qué diablos estás haciendo? - Cuando Tom la bajó al suelo, dándole la vuelta, para mirarla de frente, la sorpresa se convirtió en ira. ¿Quién diablos se creía que era para asustarla de aquella manera? ¿Y además, qué hacia en casa? Todo el mundo pensaba que iba a llegar un par de horas más tarde. Pero ella no dijo nada, se limitó a mirarlo, con los labios apretados por miedo a explotar y decir alguna inconveniencia.-

-Yo pensé que el hijo de Bill era lo más importante en este mundo para ti -le recriminó-. ¿Cómo se te ha ocurrido subirte a esa escalera? Te podías haber caído.
-Estaba totalmente segura -protestó ella-. Hasta que me agarraste y me pusiste en el suelo. ¡Casi me da un ataque!.-
Lo cual no era ninguna exageración. Porque su corazón latía tan deprisa que mucho se temía que le diera en cualquier momento. Cuando se dio cuenta que él todavía tenía sus manos en su cintura, se apartó precipitadamente y se golpeó la espinilla contra la escalera. El dolor que sintió, además de su torpeza, la hizo volverse y decirle:
-¡Mira lo que has hecho!
-Yo no he hecho nada, _____, sino cuidarte. Bill me encargó que te cuidara y nunca me perdonaría que te pasara algo.-

_____ se dio cuenta de que era ella la que estaba defraudando a Bill. En el fondo sabía que él tenía razón, que no se tenía que haber subido a aquella escalera. Maud se lo había advertido, pero ella no hizo ni caso. El remordimiento se mezcló con el sentimiento de culpa, según se iba dando cuenta de su estupidez.

-Lo siento -le dijo, en un tono de voz cargado de emoción, dirigiendo su mirada al suelo-. Ya no lo haré más.
-Eso espero -gruñó él-. Pero la próxima vez que me vaya, le dejaré instrucciones muy claras a mi madre y a Maud. Porque no se puede confiar mucho en ti, al ver la pasión que muestras por la limpieza.
Ella lo miró, asustada, al pensar que podría haber causado un problema a Maud o a simone

-Por favor, no les digas nada -suplicó-. Ellas no tienen la culpa. De verdad. Ni siquiera sabían lo que yo estaba haciendo. Maud estaba en la cocina y tu madre descansando en su habitación.
-¿Quieres decir que has estado dando vueltas por la casa, limpiando todo lo que te encontrabas? ¿Es que eres adicta a la limpieza? ¿Eres una de esas mujeres, que no pueden reprimir su impulso y pasan un dedo por cualquier superficie para ver si está limpia?.-
-¡Por supuesto que no! Pero me gustan los trabajos bien hechos. Maud llamó a un servicio de limpieza, y yo estaba comprobando cómo lo dejaron, cuando me di cuenta de que se habían olvidado de limpiar los ventiladores.--
-Y no pudiste evitarlo -le dijo él.
-No, porque la pasión por la limpieza, me hace sentirme mejor.
-No parece que te acobardes por nada. También he observado que ya no tartamudeas. Gracias a Dios. ¿Puedo esperar que va a ser algo definitivo?
_____ lo miró con rabia, pensando que él y Bill eran como la noche y el día.
-Eso espero -le contestó.
Tom se cruzó de brazos y se apoyó en el escritorio que había detrás de él, con una sonrisa en sus labios.
-¿Así que has decidido que después de todo no soy un monstruo?

_____ no podía apartar su mirada. Durante todo el tiempo que había estado en esa casa, nunca había visto a Tom sonreír de la forma que lo estaba haciendo. Transformaba su cara, y daba una cierta calidez a su expresión. Su boca formaba una curva muy sensual y sus ojos brillaban con un cierto grado de humor y de humanidad. De pronto se dio cuenta que estaba frente al Tom que Bill tantas veces le había descrito. No el que ella estaba acostumbrada a ver. El Tom que no tenía que esforzarse mucho para conseguir una mujer. Durante unos segundos, pudo sentir la fuerza de su atractivo físico, pero un amargo resentimiento borró cualquier debilidad a encanto tan superficial. Bill valía diez veces más que él.

-Yo nunca he pensado que fueras un monstruo, Tom -le dijo _____.
-Pues entonces, me has engañado muy bien -le contestó, sonriendo.
El corazón le dio un vuelco. Era imposible que le pudiera atraer el hermano de Bill. Era imposible que aquel hombre le atrajera. Pero lo cierto era que le atraía.
-Algunas personas sacan lo mejor de los demás -le dijo-. Otras lo peor.
Dejó de sonreír. Y el encanto se desvaneció. Fue como si alguien hubiera apagado una luz. _____ se sintió más tranquila. Había sido una aberración momentánea, eso era todo. ¿Cómo podría sentir una cosa así por Tom? Él se incorporó, tomó aliento y suspiró. Parecía cansado.
-Sí -admitió, a regañadientes-. Bill tenía ese don. Se lo reconozco. Se hacía querer, a pesar de que fracasaba en todo lo demás. No tengo ni idea de cómo lo conseguía -añadió, moviendo de lado a lado la cabeza. La palabra fracaso, evocó un sentimiento maternal en _____.
-Siempre estás diciendo que Bill era un fracasado y un perdedor-lo acusó-. Pero no es verdad. Si el éxito hay que medirlo por lo mucho que una persona es valorada, entonces él era el hombre con más éxito de todos los tiempos.
Tom se quedó mirándola fijamente.
-Puede que tengas razón. Puede que tengas razón -se dio la vuelta, se fue detrás de la mesa y se dejó caer en el sillón de cuero. Cerró los ojos un instante, los abrió y le dijo:
-Ve y dile a Maud que estoy en casa, por favor. La cena a las siete, si es posible. Tengo mucho trabajo todavía.
-¿Qui... quieres que te traiga una taza de té? -le ofreció, en un tono como de disculpa. Lo último que deseaba era estar a mal con Tom.
-¿Ahora, quieres decir?
-Sí.
-No, gracias. Necesito algo más fuerte. Yo mismo me serviré una copa en un momento. ¡Por Dios bendito, no se te ocurra llevarte tú esa escalera! -gruñó de pronto, mientras se levantaba de la silla-. Y quítate ese pañuelo. Pareces la señora de la limpieza.
_____ se sonrojó, cuando se dio cuenta de que se había olvidado del pañuelo. Se pasó una mano por la cabeza y se lo quitó, mortificada por haberse comportado de forma tan tonta delante de Tom, que siempre iba vestido como si acabara de salir del sastre. Sus caros trajes nunca se arrugaban, su camisa era tan blanca como sus dientes y su pelo negro nunca estaba despeinado.
-No tienes por qué gritarme -le dijo, con semblante triste-. Ni hay necesidad de hacerme sentir mal.
Tom suspiró, irritado.
-No era mi intención hacerte sentir mal. El único que se siente mal aquí, soy yo.
-Pues no entiendo porqué -murmuró ella-. Eres el único que ha estado por ahí, divirtiéndote en Gold Coast.
-No he estado divirtiéndome, _____. Fue un viaje de negocios.
-Oh, sí, claro.
Se quedaron mirándose uno al otro, _____ con un tono de cinismo en su mirada, y Tom sorprendido. Pero no por mucho tiempo, porque poco a poco sus facciones se fueron endureciendo, adquiriendo un tono de resentimiento, mientras la miraba, con sus ojos marrones de arriba a abajo. _____ respiró hondo, arrepintiéndose de haberle informado de que sabía perfectamente el motivo de su viaje.
-No entiendo tu actitud -le dijo-. Te prometí que sería discreto. Y lo he sido. Muy discreto, diría yo. Y lo seguiré siendo hasta que estemos divorciados. Hasta que llegue el momento, no intentes juzgar mis actos. ¡No lo voy a permitir! -terminó, dando un golpe con el puño en la mesa-. Nadie me va a hacer sentir culpable, cuando no estoy haciendo nada para merecerlo. ¿Qué pasa si he pasado dos noches con una mujer? ¿Qué querías que hiciera, satisfacerme yo mismo, como un colegial? ¡Podías crecer un poco! Esto es la vida de verdad. Y los hombres de verdad se van a la cama con mujeres de verdad. ¿Comprendes?
_____ sintió un escalofrío ante aquel ataque de furia.
-Ss, sí -dijo, con voz temblorosa-. En... entiendo.
Él hizo una mueca cuando la oyó tartamudear.
-Vete -le ordenó, haciendo un gesto de impaciencia con la mano, mientras se echaba para atrás en el sillón-. Vete.
Y ella se fue.

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La cena de aquella noche fue un suplicio. _____ se sentó a la mesa, con miedo de que Tom pudiera regañar a simone o Maud por lo de la escalera. Pero no lo hizo. La verdad, no dijo una palabra durante toda la cena, estuvo pensativo, su mente a millones de kilómetros de allí. Cuando su madre o Maud le hablaban, parecía que tenía que hacer un esfuerzo para volver a la realidad. Todas las preguntas sobre su viaje, por inocentes que fueran, las respondía de forma escueta y sin hablar mucho.
_____ sabía el porqué. Porque no había ido a ningún negocio. Tom se había ido a Gold Coast sólo por una razón. _____ perdió el apetito al pensar en esa razón, preguntándose cuánto tardaría en hacer el próximo viaje. En una ocasión sus miradas se cruzaron. El la miró y después se concentró en el postre. _____ se sintió más aliviada al ver que Tom pidió que le llevaran el café al estudio.
-No parece que le hayan salido las cosas bien en ese viaje-murmuró Maud, mientras ella y _____ recogían los platos. simone ya se había ido a su habitación, a descansar. _____ no supo qué responder, sabiendo que fue la discusión que tuvo con ella la que le había puesto de mal humor.
-A lo mejor es que está cansado -contestó ella, odiando las explícitas imágenes que surgían en su mente.
-Entonces tendrá que dejar de trasnochar tanto -dijo Maud-. No parece que duerma mucho. Y además bebe bastante. Ayer, estuve limpiando las botellas del estudio y no quedaba una gota de whisky. Por no mencionar el brandy, vodka o coñac. Espero que no siga los pasos de su padre. Henry bebía mucho los años anteriores a su muerte. Y estaba muy gordo. Yo creo que los sesenta es pronto para morir.
-Mi padre sólo tenía treinta y nueve cuando murió, de un infarto -dijo _____, tragando el nudo que se le había formado en la garganta, como le ocurría siempre que pensaba en su padre.
-Sí, ya me lo has contado -musitó Maud-. Era muy joven. ¿Y cuantos años tenía tu madre cuando murió?
-Treinta y ocho.
-Debió ser muy triste.
_____ respiró hondo y dejó salir el aire poco a poco.
-Sí, lo fue -contestó, e inmediatamente se puso a limpiar y apilar los platos.
Aquella noche, una vez más, _____ tuvo dificultades para dormirse. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto. Además, todavía estaba intranquila por el incidente con Tom. Él tenía razón. No tenía ningún derecho a juzgar su vida privada. ¿Qué otra cosa podría esperar que hiciera? Era un muchacho fuerte, Sano, guapo, lleno de energía y de hormonas. Un hombre como Bill podría haberse pasado la vida en celibato, sin importarle lo más mínimo. Pero su hermano pequeño estaba hecho de otro material. Tom siempre había sido un ganador en lo que al sexo opuesto se refería.
Cuando _____ estaba a punto de quedarse dormida, se preguntó qué clase de mujeres atraían a Tom. ¿Le gustarían las chicas altas, rubias y sofisticadas? Seguro que le gustaban las chicas altas, decidió, mientras bostezaba. El último pensamiento, ya borroso, de _____, fue acordarse de preguntarle por la mañana a Maud, cómo era Charmaine, a pesar de que ya se había formado una imagen de ella. Alta, rubia, esbelta, con los ojos azules, piernas largas. Nada parecido a ella, bajita, de aspecto italiano, con los ojos marrones, con una figura demasiado curvilínea y exuberante para su altura.
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_____ se despertó como con dolores de parto. Durante unos segundos se sintió desorientada, sin saber lo que le estaba pasando, hasta que sintió otro retortijón. No, no podía ser!!!. No podía ser!!! Permaneció tendida, sin creerse lo que estaba pasando, hasta que otro retortijón le hizo salir de la cama e irse al baño, donde se dio cuenta de lo peor. Tenía la ropa interior manchada de sangre.

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